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domingo, 21 de febrero de 2010

FACTURAS ARGENTINAS

Facturas es el nombre genérico con el cual se nombra en Argentina a la gran variedad de masas dulces conocidas como Krapfen, y que fueron introducidas por la inmigración alemana que se dirigió a la región del Río de la Plata. En Uruguay son conocidas como bizcochos.
Facturas es el nombre genérico con el cual se nombra en Argentina a la gran variedad de masas dulces conocidas como Krapfen, y que fueron introducidas por la inmigración alemana que se dirigió a la región del Río de la Plata. En Uruguay son conocidas como bizcochos.

Por ser países de inmigración en los que se asentaron varios millones de europeos, la idiosincrasia de estas naciones se fue conformando con los diferentes aportes inmigratorios que fueron recibiendo. En este caso, las conocidas como facturas o bizcochos forman parte de los bocados recurrentes tanto de la Gastronomía de Argentina como de la uruguaya. Son comunes para acompañar el café con leche o incluso también el mate y hasta pueden estar rellenas con dulce de leche, dulce de membrillo o crema pastelera y cubiertas de azúcar, ya sea blanca, negra o glas (también llamada impalpable).

Las más conocidas son los croissants denominados como medialunas (del alemán Halbmond, Hörnchen) en ambos países, los vigilantes, las tortitas negras (también conocidas como caras sucias), las palmeritas, las berlinesas –conocidas como borlas de fraile (o en forma irónica, "bolas de fraile" o "suspiros de monja"), los sacramentos (una especie de gran medialuna salada con la cual se suelen hacer sandwiches llamados del mismo modo), los cañoncitos (que deben distinguirse, ya que difieren bastante en aspecto, de los bizcochos llamados cañoncitos), y bombas de dulce de leche o de crema. Otras directamente se tratan de tortas alemanas, rebautizadas en el país y horneadas ya en porciones. Tal es el caso, por ejemplo, de la Zuckerkuchen (o Butterkuchen) alemana, que lleva azúcar arriba, cuyas porciones se venden como facturas bajo el nombre de salteñas.

Las facturas propiamente dichas, que parecen tener como modelo a la medialuna, se caracterizan por ser de masa dulce y esponjosa algo amarillenta mientras que su cáscara es delgada, ligeramente tostada, acaramelada y crocante. La masa suele contener una moderada cantidad de manteca o grasa animal en otros casos, aunque para quienes tales ingredientes están vedados existen asimismo las facturas que tienen substituida la grasa animal (butiro) por aceites vegetales como la margarina de la mejor calidad.

Las facturas son vendidas en las panaderías y su precio es determinado por docena, aunque también se venden por unidad. Se las consume en el desayuno o en la merienda o se las acompaña comúnmente con mate en otros momentos del día.

Afines a las facturas (por lo que en ocasiones se los llega a incluir algo incorrectamente) son otros postres de confitería como los que se clasifican con el nombre genérico de masas de confitería o masitas de confitería (profiterol –o más conocidas en Argentina con la denominación bombitas de crema–, rodajas de pionono, etc.), o "frutas de sartén" como los churros, tortas fritas (conocidas también como los Kreppel), ensaimadas, pastelitos, buñuelos y preparaciones próximas como las vainillas, alfajores, cañoncitos, cubanitos, postres de mazapán, etc.


Por ser países de inmigración en los que se asentaron varios millones de europeos, la idiosincrasia de estas naciones se fue conformando con los diferentes aportes inmigratorios que fueron recibiendo. En este caso, las conocidas como facturas o bizcochos forman parte de los bocados recurrentes tanto de la Gastronomía de Argentina como de la uruguaya. Son comunes para acompañar el café con leche o incluso también el mate y hasta pueden estar rellenas con dulce de leche, dulce de membrillo o crema pastelera y cubiertas de azúcar, ya sea blanca, negra o glas (también llamada impalpable).

Las más conocidas son los croissants denominados como medialunas (del alemán Halbmond, Hörnchen) en ambos países, los vigilantes, las tortitas negras (también conocidas como caras sucias), las palmeritas, las berlinesas –conocidas como borlas de fraile (o en forma irónica, "bolas de fraile" o "suspiros de monja"), los sacramentos (una especie de gran medialuna salada con la cual se suelen hacer sandwiches llamados del mismo modo), los cañoncitos (que deben distinguirse, ya que difieren bastante en aspecto, de los bizcochos llamados cañoncitos), y bombas de dulce de leche o de crema. Otras directamente se tratan de tortas alemanas, rebautizadas en el país y horneadas ya en porciones. Tal es el caso, por ejemplo, de la Zuckerkuchen (o Butterkuchen) alemana, que lleva azúcar arriba, cuyas porciones se venden como facturas bajo el nombre de salteñas.

Las facturas propiamente dichas, que parecen tener como modelo a la medialuna, se caracterizan por ser de masa dulce y esponjosa algo amarillenta mientras que su cáscara es delgada, ligeramente tostada, acaramelada y crocante. La masa suele contener una moderada cantidad de manteca o grasa animal en otros casos, aunque para quienes tales ingredientes están vedados existen asimismo las facturas que tienen substituida la grasa animal (butiro) por aceites vegetales como la margarina de la mejor calidad.

Las facturas son vendidas en las panaderías y su precio es determinado por docena, aunque también se venden por unidad. Se las consume en el desayuno o en la merienda o se las acompaña comúnmente con mate en otros momentos del día.

Afines a las facturas (por lo que en ocasiones se los llega a incluir algo incorrectamente) son otros postres de confitería como los que se clasifican con el nombre genérico de masas de confitería o masitas de confitería (profiterol –o más conocidas en Argentina con la denominación bombitas de crema–, rodajas de pionono, etc.), o "frutas de sartén" como los churros, tortas fritas (conocidas también como los Kreppel), ensaimadas, pastelitos, buñuelos y preparaciones próximas como las vainillas, alfajores, cañoncitos, cubanitos, postres de mazapán, etc.

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